¿Pensando cambiar de aires? Parte II
Hat man sein Warum des Lebens? So verträgt man sich fast jedem wie…
Friedrich Nietsche: «Götzendämmerung».
Hace dos entradas, planteamos algunas de las cosas que ocurren cuando llegamos a una encrucijada vital y planteamos un cambio de rumbo. Huelga decir que influyen muchas cosas. He intentado mencionar algunas en las entradas anteriores y haré una pequeña adición-síntesis en esta, pero es obvio que mi ignorancia supera con mucho a mi conocimiento y me dejaré aspectos, tal vez cruciales, en el tintero. Le ruego que si Usted tiene aportaciones que hacer, las comparta, de forma que todos nos enriquezcamos siguiendo el espíritu de este Blog. Finalmente, intentaré dar el que creo que es el consejo más importante de todos cuando se prevea conflicto ante la decisión de un cambio de rumbo.
Tras hacer un repaso muy superficial al cómo discurren un poco nuestros dos hemisferios, en su eterno tira y afloja entre el enfoque y el encuadre, entre lo apolonio y lo dionisíaco entre la segmentación y la integración, planteé una idea sobre cómo aprovechar ambos aspectos para evitar imprevistos a la hora de darle un giro al timón. Acabamos con una lista de comprobación que tenía esta pinta, pero a la que añadimos ahora 3 puntos:
- Establecer sus prioridades (más en la siguiente entrada).
- Decidir una acción concreta que satisfaga sus prioridades.
- Hacer un proceso de brainstorming acerca de las posibles consecuencias, buenas o malas, de sus acciones.
- Anotar los posibles razonamientos para las ideas que surjan. No deseche nada.
- Elaborar un sistema de cadenas de consecuencias, lo más simple y directo posible, para su acción elegida. Cada eslabón debe estar sólidamente relacionado con el anterior.
- Con todas esas notas, intente «narrar» en audio o por escrito, lo que cree que va a ocurrir, una vez usted ejecute su acción.
- Decida si ejecuta su acción o no.
- En caso afirmativo, esboce el «cómo» va a comunicar y realizar su acción
- Comunique y realice su acción
- Analice las consecuencias de la misma
Podríamos añadir aquí un punto 11: «Repita el proceso para cada acción significativa». Parece una tontería, pero nuestra tendencia a cerrar narrativas y a tomar decisiones de manera impulsiva puede llevarnos a una mala pasada. ¿Por qué ocurre esto?
La explicación más sencilla la encontramos en la Evolución. En nuestro origen, vivíamos situaciones a diario en las que era crucial tomar decisiones rápidas, basadas en información incompleta. Tomar un sendero u otro, vadear el río o no, enfrentarnos a un rival o retirarnos… La mayor parte del tiempo que ha existido nuestra especie ha sido sujeta a este tipo de «ritmo ejecutivo», lo cual ha influido notablemente en nosotros. Dígaselo a los ingenieros de Amazon, que saben que fundamentalmente compramos por impulso (en mi caso este efecto es devastador para mi economía en la tienda Kindle), motivo por el cual implementaron la compra «en un clic».
Volviendo a la Evolución, las personas con una naturaleza intuitiva y con gran capacidad de extraer conclusiones rápidas con «poco error» en base a sus sentidos tenían más probabilidades de sobrevivir encuentros peligrosos, de liderar a otros y de encontrar pareja y reproducirse, de modo que esos rasgos fueron concentrándose a medida que la presión selectiva hacía su trabajo. Es solamente desde hace «poco» tiempo, al menos en la escala biológica, que el análisis lógico y pormenorizado de las situaciones da una ventaja significativa a medio plazo. Simplificando mucho, esto es así porque nos hemos dotado de sociedades pacíficas, donde se prima la proyección a largo plazo de los planes y donde nuestras necesidades inmediatas están cubiertas. Si no tenemos que preocuparnos porque nada ni nadie nos asalte a cada momento, por procurarnos el sustento inmediato, ni cualquier mínimo cambio en nuestro estado de salud puede significar una muerte próxima, podemos premiar otra forma de tomar decisiones. Eso es aplicable a los privilegiados que vivimos en sociedades pacíficas, industrializadas, que a veces damos muchas cosas por sentado (agua potable, alcantarillado, vacunas, higiene) sin las cuales seguiríamos dependiendo de la astucia, la intuición y la toma rápida de decisiones.
Como quiera que fuera, esos cambios en la sociedad han acontecido relativamente rápido para lo que es la escala temporal biológica, y nosotros seguimos bien equipados para las decisiones intuitivas y rápidas, que pueden conducirnos a lo que hoy se conoce como sesgos cognitivos. Nuestra propia percepción, como vimos anteriormente, está preferentemente configurada para operar sobre la base de los patrones conocidos, detectando anomalías rápidamente y actuando de forma reflexiva. Cuando una situación está configurada por conjuntos de elementos relacionados en parte de forma lógica entre sí, es preciso, como mínimo intentar tratar de identificar cada uno de los componentes, para posteriormente poder analizar su relación entre sí, y luego devolver este análisis a la parte integrativa de nuestra cognición, para que configure un mapa, un patrón y podamos tomar una decisión «bien informada», que además esté en consonancia nuestra intuición (que necesariamente, habrá mutado tras el proceso de análisis).
Resulta intuitivo pensar que el estar dotados de esa capacidad para el pensamiento analítico a la par que el intuitivo ha sido seleccionado durante generaciones, en lo que pienso que ha podido ser una carrera armamentística evolutiva, aunque no he leído suficiente bibliografía al respecto y podríamos haber llegado a este punto por algún mecanismo diferente.
Volvamos a la lista, en concreto el punto 6 que nos hablaba de intentar prever las consecuencias de la acción a realizar. Supongamos que prevemos un conflicto. Éste puede adoptar distintas formas y venir de distintas fuentes: los compañeros de trabajo pueden sentirse abandonados, pueden pensar que ha perdido Usted el juicio, puede que incluso envidien su idea. Sus superiores van a pensar que Usted no ha considerado bien las cosas, que es una persona egoísta, o lo que en mi caso resulta hilarante, que va de farol. En cualquiera de estos casos, el conflicto anticipado resultará en ansiedad por su parte, y puede que haga que su narrativa interior se sacuda. En este caso, lo que a mí me ha funcionado de forma notable es el siguiente binomio:
- Diga la verdad, o al menos, no mienta.
- Asuma buenas intenciones por parte de quien le plantee un conflicto.
La frase es directamente una cita tomada de un libro polémico de un autor polémico, el Dr Jordan B Peterson y su libro «12 Rules for life». Independientemente de la polémica ligada al personaje, esta regla en concreto nos vendría muy bien a todos los seres humanos. El miedo y la ansiedad que produce el anticipar un conflicto (especialmente con una persona a la que se admira o se ama), pude llevarnos a querer disfrazar la verdad, o directamente a mentir. El objeto de esto es, entre otros, el deseo de que esa relación no cambie, que nuestro mapa común con la persona en conflicto se modifique lo menos posible. El problema es que mentir resta poder, ya que cada mentira es una manera de comprometer nuestra visión y posición, nos desvía del rumbo trazado y lo único que logra es incrementar la magnitud del conflicto demorándolo en el futuro. Es justo lo contrario de lo que se pretende cuando se invierte algo (capital, tiempo, esfuerzo). En la inversión, hacemos un gasto, un sacrificio con la esperanza de obtener un rédito positivo. En la mentira, evitamos un gasto inmediato u obtenemos crédito, con un interés que será proporcional a la magnitud de la mentira. Nos cavamos nuestra propia fosa.
Diciendo la verdad, en cambio, necesariamente rompemos un aspecto de ese mapa que nos relaciona con la otra persona. El mundo cambia, hay un coste, pero el resultado de la verdad a menudo es transparente para nosotros, aunque no lo sea de forma inmediata, y no le debemos nada a ningún Mefistófeles, como le pasó a Fausto. El precio pagado, el dolor por el conflicto, es realmente una inversión, como dije más arriba, que tiene más posibilidades de dar un fruto positivo que la mentira.
En el libro mencionado más arriba y en sus lecciones (muchas de ellas online), el Dr Peterson traza el culto a la verdad en nuestra cultura occidental al poema Enûma Elish, el mito de la creación babilónico. En él Marduk es capaz de vencer a Tiamat y Kingu no sólo con la ayuda de sus armas, sino de su prodigiosa capacidad para que su palabra hiciera ciertas y reales a todas las cosas.
Posiblemente la sublimación de la verdad como elemento mágico que transforma el mundo viene de mucho antes, y de nuevo es la Evolución la que nos da una idea lo antiguo que puede ser este fenómeno. En pequeños grupos de colaboración entre Homo sapiens, cuya supervivencia diaria depende literalmente de disponer de información precisa sobre el entorno y de tomar las mejores decisiones posibles, los miembros sinceros y valientes tendrían más posibilidades de contribuir a la supervivencia de sus grupos que aquellos que no fueran sinceros y no proporcionasen información adecuada. Desde el punto de vista más básico, es evidente que si alguien me dice que algo es de una manera hoy, y yo compruebo que esto es cierto, tendré más ganas de seguir tratando con esa persona mañana que si fuera al contrario…
La cultura de la verdad no es privativa de nuestra «sociedad occidental», si es que se puede tener la osadía de identificar a la Antigua Mesopotamia con «Occidente» y no más bien al contrario. Según el Budismo, la ignorancia es uno de los orígenes del mal. La ignorancia puede degenerar en la mentira, especialmente cuando somos reticentes a aprender y a admitir nuestro error. En el Taoísmo se preconizan diversas virtudes, entre las que destacan fomentar la honestidad, donde volvemos a encontrar, agazapada a la verdad.
Sí es cierto que el mito mesopotámico hace alusión a una suerte de precisión al hablar de Marduk, que tiene la facultad de conjurar o destruir las cosas con la mera palabra, que es mucho más explícito en situar la idea de «verdad» como una magia capaz de transformar la realidad del mundo.
Pasamos a la segunda recomendación: «assume good intentions» es un aforismo cuyo origen real desconozco. Se lo oí por primera vez a Heather Heying, una bióloga evolucionista, divulgadora, académica, feminista, polémica, perteneciente al mismo ecléctico grupo que el citado Jordan Peterson, la llamada Intellectual Dark Web, de la que hablaré en algunos meses. Escuché a la Dra. Heying en un debate académico sobre diversidad, dar este consejo ante situaciones de conflicto y me pareció que era una aliada natural de decir la verdad. Si Usted asume que quien tiene un conflicto con Usted por causa de su acción o actitud no le desea ningún mal a priori, ocurrirán varias cosas: primero, no se sentirá Usted ofendido/ultrajado por la reacción y le buscará un sentido a la crítica, con lo que gana la oportunidad de aprender algo que previamente no sabía. Segundo, tiene la posibilidad de reaccionar ante el conflicto con la mente serena, intentando dejar clara su postura de manera no confrontativa, teniendo más posibilidades de «salvar» la relación que le une con la persona en conflicto (y reduciendo en el proceso el valor relativo que se obtendría de mentir). Tercero, aquellas personas que sí que vayan contra Usted con malas intenciones, quedarán retratadas por el entorno, sin necesidad de que Usted se rebaje.
La unión de ambos consejos tiene un enorme papel transformador en el entorno, a la par que conserva el núcleo de sus valores. No estoy hablando aquí (respecto al primer consejo) de ser petulante y arrogante y no estar dispuesto a que le prueben estar en un error, tampoco quiero dar una visión naïve de los conflictos (con el segundo consejo). Es evidente que habrá quien a vaya por Usted con toda la malicia que sea capaz de desplegar. Lo importante aquí es la protección y la capacidad de maniobra que le brinda asumir en primera instancia que no le quieren ofender. Usted ya ha hecho previamente un análisis de la situación, y tendrá un curso de acción planteado, su mapa no será completamente inútil y no será víctima de sus impulsos. Su «rival», sí.
Puede ser que la consecuencia de esta dupla sea que su entorno se modifica de una forma que no era la planteada inicialmente, pero es muy probable también que este nuevo puerto al que llegue sea uno mucho más fructífero que el planteado. Puede que su plan se modifique, puede que su destino cambie. Por el camino, Usted ha conocido mejor a sus semejantes, amigos y rivales, ha salvaguardado sus valores y no ha hipotecado su futuro.
4 respuestas a «¿Pensando cambiar de aires? Parte II»
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Cada fragmento que leo me deja más maravillada de tu gran y enorme humanidad y honestidad inmunes a cualquier ataque
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Gracias María Teresa, si disfruto de escribir es porque alguien se aseguró de que disfrutase de leer…
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Me gusta la cita de Nietsche, y esta entrada aunque no he leído la primera parte, que lo haré. Me gusta lo escrito por estar de acuerdo en muchas cosas y para guardar y releer. Tema apasionante como para pasar horas hablando.
Un abrazo grande, una suerte poder leerte.-
Gracias Sole, espero que el resto te guste igualmente.
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