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Carta abierta a mi Servicio

Apenas amanezca, hazte en tu interior esta cuenta: hoy tropezarás con algún entremetido, con algún ingrato, con algún insolente, con un doloso, un envidioso, un egoísta. Todos estos vicios les sobrevinieron por ignorancia del bien y del mal. Pero yo, habiendo observado que la naturaleza del bien es lo bello, y que la del mal es lo torpe, y que la condición del pecador mismo es tal que no deja ser mi pariente, participante, no de mi misma sangre o prosapia, pero sí de una misma inteligencia y de una partícula de la divinidad, no puedo hacer afrenta de ninguno de ellos, porque ninguno podría mancharme con su infamia.

No puedo tampoco enojarme contra mi pariente ni aborrecerle, que hemos sido creados para ayudarnos mutuamente […]. Obrar pues como adversarios los unos de los otros es ir contra la naturaleza: y es tratar a alguien de adversario el hecho de indignarse o apartarse de él.

Marco Aurelio- Meditaciones.

Queridos compañeros del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria (HUNSC):

Cuando publique esta entrada, habré realizado mi última guardia en este complejo, cerrando así 9 años y cuatro meses de servicio. He decidido interrumpir el flujo discursivo de las entradas anteriores de este Blog porque necesito comunicarme con todo aquel que se haya podido estar preguntando qué ha pasado. En la próxima entrada finalizaré esta serie de reflexiones abiertas, pero hoy me quiero dirigir especialmente a Ustedes.

En primer lugar quiero darles las gracias todos los que han formado parte del equipo en estos 9 años y pico, lo cual se hace extensible a los compañeros (adjuntos) que se han marchado antes que yo y a los residentes que no se han quedado trabajando como miembros del staff. Independientemente de si nuestro trato fue de amistad, cordialidad o animadversión, mi intención ha sido siempre vivir bajo la guía de esa tremenda cita de Marco Aurelio que comienza esta entrada. Ya hablé previamente de que mi personalidad está algo desequilibrada a favor de la afabilidad y que me desagrada el conflicto frontal más que a la media de personas de mi edad y sexo, pero tal vez una lectura sosegada de dicha cita pueda ayudar a comprender actitudes y expresiones mías que pudieran haber pasado por derrotistas, apáticas, pasivas, hastiadas, o con algún tipo de doble intención…

En cualquier caso, gracias. Gracias por aguantarme, por ayudarme a formarme, por darme apoyo y generar inquietudes en mí. Casi todo lo bueno que me ha pasado laboralmente en el Servicio se lo debo a los pacientes y a Ustedes, desde el R1 hasta el Jefe de Servicio. También pienso, como parecía pensarlo Marco Aurelio, que buena parte de las causas de sufrimiento en el plano laboral nos las hemos labrado y urdido entre todos. Quienes me conocen bien saben que cuando algo malo ocurre, mi primera acción es indagar en qué medida habré contribuido yo a tal suceso.

Sin duda, algunas cosas he hecho mal en estos nueve años y esto me ha podido distanciar en exceso de algunas personas. Vaya por delante mis sinceras disculpas por cualquier ofensa que hubiera podido cometer, nunca ha estado en mi interés hacer que la vida de nadie sea más dolorosa de lo que ya es.

El motivo principal de esta entrada-carta no es otro que el de explicar por qué me voy. Como todas las cosas importantes, se trata de un «por qué» complejo y creo que primero que nada toca declarar que supuestos motivos no han tenido que ver con mi marcha:

  • Mi actividad clínica y lugar de rotación en el último año.
  • Mi relación con ningún compañero o compañera.
  • Mi relación con el Jefe de Servicio

Ninguno de estos tres motivos han tenido nada que ver con mi marcha. Para empezar porque, al menos por mi parte, no son reales. Me gusta trabajar donde he trabajado en el último año, en el Hospital de Ofra («el Tórax»).

En «El Tórax» se trabaja a gusto.

Respecto a los otros dos puntos: más arriba he dejado claro mi actitud hacia Ustedes (los compañeros) y a mi Jefe le debo muchas cosas. La primera es mi propio desarrollo profesional en el HUNSC hasta el momento, que se ha visto siempre impulsado. La segunda, su visión moderna de a qué nos enfrentamos los internistas de esta época, de la que me fue convenciendo con argumentos sólidos. La última es la confianza que depositó en mi desempeño en el HUNSC y en mi valía como persona hasta el final, en septiembre. No me marcho por nada de eso porque nada de eso ha supuesto un problema insalvable. Mis problemas en el HUNSC no han sido nunca insalvables. Me marcho por algo llamado Jerarquía de valor, que no es otra cosa que poner primero aquello que va primero.

Y tampoco me marcho desde septiembre. Desde mi adolescencia he sido siempre comparado con los enanos de fantasía, en concreto con los enanos de la Tierra Media de Tolkien. Esto era debido a mi baja talla y mi proverbial memoria para con ciertos agravios menores que siempre tengo la costumbre de sacar a relucir en un tono más bien jocoso. Por mi exceso de afabilidad (y mi «saque») alguno me ha comparado con un Hobbit, y este verano incluso, no sé muy bien por qué, con Gollum. Que yo sepa, salvo cuando hay kalima, mi timbre do voz es siempre el mismo, y aún tengo que estrangular a alguien, aunque pescado crudo, todos saben que como…

Toda esta referencia al Universo de Tolkien viene a cuento, dado que yo mismo he descubierto que mi forma de ser se corresponde mejor con otra criatura fantástica de la Tierra Media: los Ents. Durante mi vida siempre he dicho muchas cosas en tono jocoso de mí mismo, y una de las que más se repetían era aquella de «Yo soy lento, pero implacable». Aunque tengo una pequeña vena impulsiva, que se deja ver sobre todo en comprar más libros de los que nunca podré leer, generalmente soy muy lento en tomar grandes decisiones, pero las suelo meditar bien. Y cada año que pasa intento dotarme de mejores herramientas de decisión para disminuir la nube de incertidumbre y error que es inherente a nuestra existencia. Eso no quiere decir que sea tozudo (que lo soy un poco), y que no se me pueda hacer cambiar de opinión. Quien ha discutido alguna vez conmigo seguramente esté de acuerdo en que soy pronto en conceder que me he equivocado (cuando me lo hacen ver, claro), como convencieron los Hobbits a los Ents de que abandonasen su inútil neutralidad. Tampoco me hace inmune al error, y soy bien consciente de ello.

También quien habla lo suficiente conmigo me habrá oído decir que yo someto mi forma de vida a juicio regularmente, casi a diario, como si fuera un checklist. Me pregunto si me despierto junto a la persona que quiero despertarme, si como lo que quiero comer, trabajo donde quiero trabajar y hago las cosas que quiero hacer. Y no hablo solamente desde un punto de vista dionisíaco, sino más bien desde la perspectiva apolónica. Cuando la respuesta a alguna de esas preguntas es «no», o «no lo sé», evalúo mis acciones y mis sentimientos, buscando, de nuevo, qué habré hecho yo para estar así antes de cargar a otra persona con las culpas. Siempre dentro del mínimo marco de referencia posible, intento mejorar, cambiar la situación para mantener las cosas en su rumbo. Pero cuando no basta con cambiarme a mí, cambio mi mundo. Digo todo esto porque el «por qué» de mi decisión de irme no se entiende bien si se erra en el «desde cuándo». Seguramente muchos de Ustedes pensarán con la óptica más reciente y por este motivo no ha visto venir las señales, que son bastantes. No se ha tratado de una decisión abrupta, sino de un proceso que ha ido tomando forma y que ha cristalizado en este 2019.

Hablaba antes de la Jerarquía de prioridades. No voy a aburrirles con mis valores y principios, pero debe quedar claro que lo más alto en esa Jeraquía para mí es mi familia. La nuclear y la extendida. A comienzos de 2011 comencé a experimentar con formas distintas de servir mejor a mi familia, pero en aquel entonces era aún más ignorante de lo que soy hoy en día y cometí varios errores. El día de mi 33er cumpleaños tuve una epifanía: si estaba destinado a vivir lo mismo que mi padre, había alcanzado el ecuador de mi existencia. Es más, en sus últimos meses de vida, me confesó que había cometido algunos errores de juicio en su vida laboral y personal que bien pudieron llevarlo su situación de Angst existencial permanente, que no dudo contribuyó a hacerle enfermar prematuramente. Se empezó a configurar una situación como la que expliqué en una entrada anterior: había varios ramales posibles en mi vida, y me dediqué con empeño a llevarme al límite, en lo laboral, intelectual y personal, para poder disponer de mejores herramientas. Es decir, puse un tren en cada carril que pude y planeaba ver cuál era el recorrido de cada uno durante un tiempo. Planté muchas semillas, y a todas les dio por germinar más o menos a la vez.

Falleció mi padre, y en muchos aspectos, mucho de lo obrado entre 2013 y 2016 está en una especie de nebulosa. En febrero de 2016 tuve un accidente. Una de esas cosas absolutamente aleatorias, arbitrarias e impredecibles que pueden pasarnos a los Homo sapiens, pero que sólo nosotros somos conscientes de esa arbitrariedad, dado que solamente nosotros conocemos lo contrario, la causalidad. Fue entonces, después de un cierto tiempo de terapia, cuando lancé la moneda al aire.

Les presento a mi accidente.

Fue precisamente durante mi convalecencia en casa que empecé a madurar la idea de llevar una vida diferente. Hay una testigo-cómplice, una buena amiga que vino a visitarme y que ella misma estaba pasando por una mala racha laboral en aquel momento. Lo recuerdas, ¿verdad? Gracias por esa conversación.

Según el lado del que cayera la moneda, mi vida tomaría ese ramal en cuanto pudiera desprenderme de las ataduras de los otros caminos. Para tomar esta decisión fue crucial leer Pensar rápido, pensar despacio, del genial Daniel Kahneman. Le debo esa joya a mi mejor amigo, que me dijo que intuía que su contenido era de suma utilidad para un médico. Su acierto fue mayúsculo, más allá de lo que él mismo pensó. Diría que es una obra fundamental para todo adulto en el mundo moderno, pero sin duda, es de obligada lectura para los profesionales que tenemos que realizar un razonamiento clínico. Aprendí muchísimo con ese libro, pero es el conocimiento y aplicación del la Teoría Prospectiva (motivo del Nobel de Economia para Kahneman y Tversky) y su relación con los distintos sesgos cognitivos, lo que más me ayudó una vez que vi por dónde caía la moneda. En esta entrada del blog comento más sobre la obra de Kahneman.

Verán, cuando era niño vi cómo mi padre cambió una forma de vida útil para su familia, donde se sentía a gusto y se divertía, por uno más seguro (¿más útil?), que le hacía ilusión a priori, pero que le dejó atrapado en un entorno sectario que trituraba el pensamiento independiente y el genio intelectual. En ese otro entorno, el académico, encontró mi padre también grandes amigos y apoyos, pero todos ellos estaban sometidos a la misma dinámica. Hoy a ellos les va bien, y me alegro pues fueron un gran apoyo en esos años duros. Pero mi padre no llegó a ver sino el inicio «del cambio a mejor». Buscando hacer lo que quería, dejó de ser alguien que disfrutaba de su vida y se convirtió en la «sorpresa agradable» de muchos estudiantes universitarios desengañados con el sistema. Me prometí que intentaría no seguir sus pasos en esa dirección.

Mi moneda cayó del lado opuesto al de mi padre. Armado con la noción de lo que es la falacia del coste hundido y su implicación en la Teoría Prospectiva, tuve claro qué vía férrea se dirigía a un punto muerto, al menos planteado como lo había planteado. La falacia del coste hundido viene a decir que es un error tomar decisiones futuras respecto a una inversión ponderando la magnitud de la inversión previa. Es el fenómeno que lleva a muchos humanos a las huidas hacia adelante, sea en lo económico (no vendo acciones que no paran de bajar, «para esperar a recuperar la inversión»), laboral (sigo en este trabajo porque ya he invertido mucho tiempo de mi vida en él) o personal (timing de algunas decisiones vitales que acaban antecediendo a un divorcio, por ejemplo). Tocaba recoger lo que había sembrado y empezar a poner campos en barbecho. Después, hice un análisis de la situación, y como expliqué en una anterior entrada, evalué mal el efecto que tiene la perspectiva y el bagaje sobre la percepción y cognición de una misma cosa por parte de dos personas diferentes. Me pasó como a «D.P.», citado en la anterior entrada.

Queridos compañeros, sólo les pido un poco más de paciencia. Como ven, era importante que situasen correctamente las fuerzas que me han llevado a este punto dentro de la cronología. Y finalizo (casi) explicando mi razonamiento:

  1. En un comienzo yo no quería irme del complejo HUNSC
  2. Mi planteamiento inicial genera unos eventos mal previstos por mí
  3. El plan inicial es realizable, pero a costa de arriesgar aborrecer a, y ser aborrecido por mi «pariente» (ver la cita de Marco Aurelio)
  4. La Jerarquía de valor no había cambiado
  5. Finalmente sé cuál es el camino a tomar, de todos los iniciados en los últimos 7 años.
  6. Planteo mi marcha. Esta vez no me sorprende nada de lo que se genera.
  7. Me voy en paz conmigo mismo, con el mundo y sin alterar mis principios.

Gracias por atenderme. Gracias por haberme acompañado en estos 9 años y pico, que hasta ahora, han sido los mejores de mi carrera profesional. Estaré siempre a la disposición de TODOS.

PD: Siguiendo el final de la cita de Marco Aurelio, tan sólo me apartaré de quien así me lo ha pedido.

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9 respuestas a «Carta abierta a mi Servicio»

  1. Avatar de Fernando M.
    Fernando M.

    Qué difícil y a la vez valiente es saber plasmar los sentimientos.
    Que seas muy feliz en tu nuevo proyecto.
    Como te conozco sé que te vas por la puerta (ni la grande ni la chica) que usan todos pero con la cabeza alta , la mano tendida y una sonrisa de franca amistad.

    1. Avatar de drjamg

      Muchas gracias Fernando. Tú estás siendo testigo en primera persona del cambio. Veremos juntos los frutos…

  2. Avatar de Ana Cristina
    Ana Cristina

    Me he emocionado. Suerte en tu nuevo proyecto. Te irá muy bien.

    1. Avatar de drjamg

      Muchas gracias, Ana Cristina!

  3. Avatar de Pilar DÍAZ Ruiz
    Pilar DÍAZ Ruiz

    Pepe, soy Pili (farmacéutica). Le he leído esta carta a Max. Nuestra conclusión: Eres grande!! Valiente y libre, y te aseguro si hay un camino hacia la felicidad, es ese. Mucha suerte, un placer coincidir y espero que nos crucemos de nuevo en el camino. Un abrazo muy grande, ya sabes donde estamos

  4. Avatar de Pilar DÍAZ Ruiz
    Pilar DÍAZ Ruiz

    Pepe, soy Pili (farmacéutica). Le he leído esta carta a Max. Nuestra conclusión: Eres grande!! Valiente y libre, y te aseguro si hay un camino hacia la felicidad, es ese. Mucha suerte, un placer coincidir y espero que nos crucemos de nuevo en el camino. Un abrazo muy grande, ya sabes donde estamos

    1. Avatar de drjamg

      Gracias Pili, de verdad. Yo también espero volver a coincidir con ustedes. Dale un abrazo a Máximo. Ya me cuentas qué te parece el resto.

  5. Avatar de Jose Antonio
    Jose Antonio

    Una pena que no siga con el Blog

    1. Avatar de drjamg

      Gracias por el apoyo. En realidad sí que sigo con el Blog, pero tengo varias entradas «atascadas». Espero poder continuar en breve. Un saludo.

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9 comentarios

  1. Qué difícil y a la vez valiente es saber plasmar los sentimientos.
    Que seas muy feliz en tu nuevo proyecto.
    Como te conozco sé que te vas por la puerta (ni la grande ni la chica) que usan todos pero con la cabeza alta , la mano tendida y una sonrisa de franca amistad.

  2. Pepe, soy Pili (farmacéutica). Le he leído esta carta a Max. Nuestra conclusión: Eres grande!! Valiente y libre, y te aseguro si hay un camino hacia la felicidad, es ese. Mucha suerte, un placer coincidir y espero que nos crucemos de nuevo en el camino. Un abrazo muy grande, ya sabes donde estamos

  3. Pepe, soy Pili (farmacéutica). Le he leído esta carta a Max. Nuestra conclusión: Eres grande!! Valiente y libre, y te aseguro si hay un camino hacia la felicidad, es ese. Mucha suerte, un placer coincidir y espero que nos crucemos de nuevo en el camino. Un abrazo muy grande, ya sabes donde estamos

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