Agencia
Agencia (del lat. <<agentia>>). 1. Diligencia (actividad o solicitud). 2. Cosa que se hace, generalmente para otra persona. ≈ Diligencia.
Diligencia (del lat. <<diligentia>>) … 2. (<<Hacer, Evacuar>>). Cosa que se hace para resolver un asunto … ≈ Gestión. ≈ Agencia. => Agencia, cometido, comisión, encargo, encomienda, *gestión, incumbencia, quehacer, *recado, recuesta.
María Moliner. Diccionario del uso del español.
Introducción metafórica
Es el año 1988. Es sábado, o domingo. Estoy en la (hoy) extinta carnicería «Paco», en una céntrica calle de Santa Cruz de Tenerife. Son las 9 de la mañana o antes. Estoy con mi hermano esperando en un lateral del mostrador, con una mezcla atenazante de esperanza y desasosiego. Hemos cogido nuestro numerito de papel. Faltan dos o tres puestos para que nos toque. Sin embargo, el rótulo de LEDs (o lo que fuera) rojos no se mueve exactamente al mismo compás al que desfilan señoras por la parte frontal del mostrador.
De vez en cuando, no recuerdo con qué frecuencia, una señora es atendida sin número. Formula su pedido, se le despacha, se le cobra y pasa a la siguiente. El resto de las señoras (somos los únicos chicos ahí dentro, y bajamos la edad media del local en varios lustros) participa de este juego, con una mezcla de respingo nasal y aquiescencia.
Parece existir una jerarquía no escrita que pasa por encima de las convenciones adoptadas por los demás mortales.
Era el peor momento de todo fin de semana.
Gente que se cuela
Salvo que viva usted en otro planeta, se habrá enterado de que ha habido un número considerable de individuos que han hecho trampa. Han utilizado su posición para obtener, sin que fuera su turno, alguna de las vacunas para la Covid-19 disponibles en nuestro país. Los casos más llamativos han venido de individuos a los que tristemente ya no les asignamos una conducta ejemplar por defecto. Algunos ejemplos son cargos militares (JEMAD), eclesiásticos o políticos (electos o cargos a dedo dentro de la ecología putrefacta de nuestros partidos políticos).
Los medios de comunicación vestigiales obtuvieron su tasa de titulares, likes, y retweets a lo largo de las dos semanas en las que este fenómeno alcanzó su apogeo. Asumimos, por tanto, que ya la cosa ha aflojado. Abrimos ahora una pequeña disgresión desde la cual, como en otras ocasiones, plantearé entradas futuras para el Blog.
Según Maldita.es, a fecha de 09 de febrero, 53 políticos se habían vacunado frente a SARS2-COV sin que fuera su turno según el criterio del Ministerio de Sanidad. Esta base de datos, según la propia web, se ha elaborado a partir de las notas de prensa correspondientes. Posteriormente, proponen un análisis geográfico y político, desgranando superficialmente de dónde son y a qué partido pertenecen los tramposos identificados hasta la fecha. Esto me lleva a la parte de la disgresión. ¿Ha aflojado la cosa? ¿De cuándo data el último caso documentado? ¿Sigue sucediendo hoy en día? A mí me interesaría un análisis por densidad de tiempo, más que uno geográfico. Es como si alguien quisiera representar unos puntos de nuestra geografía como más civilizados que otros. O unos partidos políticos más corruptos que otros.
La prensa y los sesgos
Aquí, como en muchos de los «datos» que ofrece la prensa vestigial, se cae en uno de los sesgos cognitivos más frecuentes, que es el de ignorar la tasa base. No tenemos denominador. Cuántos tramposos del partido X respecto al total de cargos de este partido X es más fácil de comparar con los partidos Y, Z, etc.
De igual forma, se podría hacer una representación geográfica normalizada por la población, de manera que se pudiera comparar de forma más justa.
Mi hipótesis nula es que no hallaríamos diferencias significativas en cuanto a la distribución de rémoras, ni política ni geográficamente. Supongo en el primer caso sería capital ajustar por el efecto de estar en el poder frente a estar en la oposición.
Decía que me gustaría más una relación con respecto al tiempo, pero no me refiero a un promedio. Sería mejor una evolución del número de tramposos identificados partido por alguna unidad de tiempo, y esto visto en una tabla semanal, por ejemplo. Así sabríamos si la «velocidad de robo de oportunidades» sube o baja, lo cual es mucho más importante que ponerle rostro a ninguno de estos caraduras.
Actitud inicial y secuencia posterior:
Indignación: al principio, nos llevamos las manos a la cabeza y pensamos «¿cómo ha sido capaz este personaje de hacer algo así?»
Puede que nosotros mismos pertenezcamos a uno de los grupos de vacunación prioritaria. Puede que nuestro grupo en concreto haya sufrido algún retraso difícilmente justificable. Por otra parte, puede que pertenezcamos a un grupo de bajo riesgo, pero somos conscientes de que ahí se ha ido la primera dosis de otra persona más necesitada.
Un porcentaje importante de los que nos indignamos con esta conducta deseamos que esta gente quede para el final de la vacunación y que no reciban la segunda dosis.
Freno/Reflexión. Racionalización:
Puede emerger en nuestro interior o nos pueden implantar a base de bombardeo mediático, la idea de que no se debe «tirar a la basura las dos dosis de la vacuna para castigar al tramposo». Esta es la justificación oficial de lo que por ahí se llama GIN (gated institutional narrative). Este concepto alude a que la narrativa oficial está protegida por custodios que fiscalizan lo que se puede decir y cómo se puede opinar. Estos agentes censuran con mayor o menor discreción las voces discordantes y convierten su postura en la única circulante.
Aceptación final de la narrativa oficial. Memetización de la misma.
Cuando estos argumentos emanan de las autoridades, tendemos a aceptar e interiorizar la postura, y con ello, aceptar incluso el envoltorio. Pero una cosa es comerte un dulce porque te lo ofrezcan de compromiso, y otra muy distinta es que te tengas que comer el papelito en que viene apoyado y la servilleta con la cual te limpias luego la comisura de los labios. Es volver a al falso silogismo.
Una vez ingerido el paquete completo, procedemos a hacerlo nuestro y propagar su contenido como si fuera un meme (de hecho, lo es), contribuyendo nosotros mismos a suprimir las voces discordantes.
Premisa: se trata de una situación nueva y no hay un precedente.
Primera asunción: no dar la segunda dosis a los caraduras es igual a tirar ambas dosis. Esta afirmación es, con toda probabilidad, falsa. Lo correcto es decir que se está reduciendo la máxima protección ofertable a los caraduras por negarles la segunda dosis de la vacuna. No que de pronto su riesgo de infección sea directamente comparable al de la población general. Los datos varían respecto a las distintas vacunas en circulación. Se asume que pasados 12 días de inoculación de las vacunas basadas en RNA, exista algún nivel considerable de reducción de riesgo (52% es la cifra que se menciona en el caso de Pfizer).
Lo que sí podemos afirmar es que la persona que no recibió su dosis tiene una reducción del riesgo de 0%. Todo gracias a la actuación irresponsable de quien, de una forma u otra, debería considerarse al servicio de la víctima.
Es como si alguien robara algo y, en lugar de imponer una multa y además obligar a devolver lo robado, se impusiera una multa por el 48% de lo robado. Sin la obligación de restituir a la víctima…
Otra interpretación
¿Qué tal pensar que se trata de un atentado contra la salud pública? Más sencillo aún: ¿Qué tal plantear que la acción de determinadas personas vulnera el derecho de otras? ¿Qué tal denunciar y dejar a las autoridades judiciales decidir si ha habido o no delito?
Pienso que el hecho de que procedamos así viene dado por la asimetría de nuestra asignación de utilidad a una pérdida respecto a la misma ganancia. Automáticamente nos asalta la idea de que limitar el acceso de la persona transgresora a la segunda dosis es peor que permitir que se lleve el premio completo.
En realidad, lo que está ocurriendo aquí es que, simple y llanamente, estamos negando dos dosis totales de la vacuna a una o dos personas inocentes. El sistema falla en la previsión e impedimiento del primer robo, y luego fomenta y permite el segundo.
¿Qué hubiera hecho usted, de haber tenido la opción?
Pienso que, para poder tener una conversación honesta sobre este desagradable asunto, tenemos que plantearnos seriamente este tema.
Explicación desde los incentivos.
Teoría de juegos 101.
Sé que a mi amigo Cochise no le gusta demasiado el uso de la Teoría de Juegos en el ámbito político-social. Pero se trata de un tipo con una inteligencia y una cultura superior a la mía y sospecho que también sabe que existe una Teoría de Juegos competitiva (llamada Juegos A) y una cooperativa (Juegos B).
No soy un experto en la materia, ni muchísimo menos, y esta es precisamente un área que merecería de por sí una entrada, tal vez cooperativa con alguien que controlase bien los rudimentos matemáticos de esta área fascinante del conocimiento humano. Aun así, es importante considerar la perspectiva que nos ofrece en esta situación.
En Teoría de Juegos se parte de la premisa de lo que se define como Juego. En este caso, la interacción entre dos agentes que interactúa con la obtención de algún incentivo. Los incentivos pueden ser positivos, pero también los hay negativos.
De trata de un área de conocimiento vasta, que es inabarcable aquí, pero merece la pena al menos mencionar uno de los ejemplos paradigmáticos de la Teoría de Juegos Clásica, el dilema del prisionero. Lo cierto, es que la aplicación bondadosa a la política ya se ha explicado en otro Blog. Aquí tienen el enlace. Como bien se menciona en esa web, la clave para pasar de incentivar el delatar frente a incentivar la cooperación radica en iterar el juego numerosas veces.
Teoría de Juegos y Vacunas.
El problema de la situación de las vacunas y los atropellos cometidos es que no estamos ante un juego iterable. Si se vacuna a una persona corrupta, queda una vacuna menos para alguien inocente y se genera una nueva oportunidad e incentivo para un corrupto.
¿Qué pasa con los Juegos «B»? Imagine, como propone Bret Weinstein (otro habitual de los mencionados en este Blog), que usted y yo tenemos que repartirnos una tarta y ambos queremos llevarnos el pedazo más grande posible. ¿Qué regla incentivaría un reparto equitativo? Una opción sería que usted cortase la tarta en dos trozos de la forma que quisiera y yo escogiera mi trozo a continuación. Aún en el caso de agentes 100% egoístas, este arreglo asegura el máximo de utilidad (incentivo) posible a cada participante.
La Teoría de Juegos B propone un escenario cooperativo en el que un grupo de agentes se alían para obtener el beneficio/utilidad. En un esquema básico, el incentivo se reparte de forma homogénea (que no equitativa) entre los participantes. El funcionamiento de este arreglo depende, a mi modo de ver, de una serie de factores:
- Cada agente busca su propio beneficio.
- En la búsqueda del propio beneficio, el perjuicio de otro agente no es un factor esencial.
- El reparto del incentivo implica una correlación variable con respecto al esfuerzo/desempeño de cada agente.
- A menor correlación, mayor es el riesgo de desembocar en una situación de Teoría de Juegos clásica sin iteración de juegos.
- Debería existir en el sistema, por tanto, la capacidad para que la obtención de cualquier grado de incentivo con un esfuerzo (desempeño, riesgo) igual a cero conlleve una penalización como mínimo superior en la unidad de consideración al premio obtenido a costa del riesgo/esfuerzo/desempeño de otros.
Propuesta alternativa
Tenemos que construir un sistema político y social que desincentive de la forma más drástica posible el abuso de poder, y que incentive (no fuerce) el servicio y la solidaridad.
No quiero pecar de naïve aquí. Pienso que debemos construir ambos sistemas de incentivos, y que tenemos que ser absolutamente tajantes en el aspecto negativo, si queremos ser realistas con la propagación de un sistema moral/ético basado en incentivos cooperativos y positivos que pueda prosperar y hacerse fuerte frente al nihilismo y el cinismo.
Otra propuesta para otra entrada, de cómo un grupo perfectamente tolerante puede verse rápidamente sometido a una facción de radicales «irreducibles» si el propio grupo de agentes tolerantes no disponen de un mecanismo de intolerancia radical que frene en seco la propagación viral de propuestas radicales que acabarán destruyendo el espacio de tolerancia que permitió su génesis.
Moral desde el punto de vista de la decisión
Recapitulando
No quiero detenerme demasiado en este aspecto, el más abstracto y filosófico, del problema que hemos analizado, pero considero importante como mínimo esbozar el planteamiento. Primero resumimos los dos problemas planteados (sí, son dos):
- Existen agentes egoístas capaces utilizar su posición privilegiada para obtener un bien potencial por delante de las personas que tendrían prioridad a ojos del ordenamiento, en este caso, sanitario.
- Esta acción se salda sin ninguna consecuencia grave relativa al campo del abuso (riesgo de contraer Covid-19) y sí con consecuencias menores que, sin duda, se ven compensadas por el beneficio obtenido, que es además doble (saltarse el orden para la primera dosis y tener derecho a la segunda).
La decisión de vacunarse antes de tiempo por delante de otras personas es abiertamente malvada, ya que se está haciendo daño potencial a otra persona. El mapa mental que configura una visión en la cual una acción como esta es admisible con dormir por la noche nos informa, a mi juicio, de una mezcla de dos cosmovisiones:
- Un profundo desprecio por la otredad.
- Un cinismo contrario toda semejanza con la moral, tal cual la planteó Kant, que parte de la asunción de que se trata de una acción que igualmente será cometida por muchas otras personas, en muchas otras partes.
Soy consciente de que un motivo más que razonable para tomar este curso de acción es el propio miedo, y no quiero adoptar una postura de santimonia aquí. Todos sabemos que el miedo es capaz de motivar infinidad de atrocidades, pero he querido dejarlo fuera de la interpretación básica, precisamente por arrojar luz sobre los dos aspectos mencionados más arriba.
El problema de la Agencia
Hay un motivo por el cual los capitanes deben ser los últimos en abandonar el barco. Esto nos lleva al segundo problema, el de la penalización por la conducta amoral. No castigar enérgicamente estos hechos implica haber olvidado el porqué de la relación capitán de barco-hundimiento de barco.
El que hayamos olvidado la importancia de esta relación habla mucho sobre el peligro que corre nuestra sociedad. Aventuro que, en el futuro, se darán escenas similares con ejemplos cada vez más abusivos respecto a los ciudadanos.
Estamos generando una ecología que selecciona conductas cínicas y egoístas por encima no ya de la solidaridad, sino de los fundamentos de la propia sociedad. Las personas que deberían representar al sistema no sólo no lo encarnan debidamente, lo transmutan poco a poco hacia su némesis. Esta presión selectiva que beneficia a los agentes amorales llevará probablemente a una escalada armamentística análoga las muchas que se dan en biología (y sobre lo que sin duda hablaremos en breve aquí), entre diversas fuerzas, que puede llevar a uno o varios de los agentes a un evento de extinción.
Hoy hemos hablado de lo que en inglés se denomina el problema de la agencia.
Deja un comentario