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Basic Economics. Thomas Sowell.

Extensión.

Tapa dura: 704 páginas.

Tapa blanda: 750 páginas

Kindle: 706 páginas.

Audible: 23h 47 min.

Ultrarresumen.

En esta quinta edición de «Economía Básica», Thomas Sowell revisa y actualiza su popular libro sobre economía de sentido común, logrando que el mundo se enfoque de manera más clara a través de una comprensión básica de los principios económicos fundamentales y cómo explican nuestras vidas. Apoyándose en ejemplos animados de todo el mundo y de siglos de historia, Sowell explica los principios económicos básicos para el público en general en un lenguaje sencillo. «Economía Básica», que ahora ha sido traducido a seis idiomas y tiene material adicional en línea, se mantiene fiel a su principio central: que los hechos y principios fundamentales de la economía no requieren de tecnicismos, gráficos o ecuaciones, y pueden aprenderse de manera relajada y hasta placentera.

Thomas Sowell es un reconocido conservador. Pero creo que todos deberíamos hacer un esfuerzo en huir de nuestra perfecta fortaleza retórica

 

Potencial de esta obra para cambiar su vida

Si no sabe nada de economía o solamente ha leído a Marx/Engels y sus comentarios modernos, diría que un 8, si lo lee con la mente abierta. No cambiará su postura política, creo. Al menos no lo hizo en mi caso, pero ayuda a considerar la Economía como algo de contenido propio además de la connotación política que uno le quiera dar. Vamos a detenernos un poco en este aspecto.

La definición que hace el autor de la economía ya merece la pena lo que se paga por el libro. La voy a “fusilar” aquí: la economía es el conjunto de conocimientos que estudia las decisiones de asignación de recursos finitos que tienen usos alternativos. Se trata de una definición de corte universal, aplicable a la acción humana (praxeología, en palabras de Ludwig von Mises), pero también a las conductas animales, desde un grupo de babuinos hasta una colmena. Pero aún más, si se omite el término “las decisiones”, se aplica a perfectamente al mundo vegetal y a las ciencias básicas, la Química y la Física. Este es uno de los atractivos de la definición. Pero tiene más. Otro punto fuerte de esta definición de Economía es que permite el estudio de los antecedentes y de las consecuentes (lo que se denomina externalidades). Esto a su vez permite, que no digo que se haga, que se analicen los aspectos económicos de un problema con una distancia sana del componente político que pudiera darse. Explicamos esto un poco más a continuación.

Política: ¿el arte de lo imposible?

No siempre. Últimamente, la política se caracteriza por insultar, al contrario, prometer un creciente catálogo de derechos individuales y obligaciones colectivas que se supeditan a los derechos de otros colectivos e individuos y de no considerar las consecuencias de las acciones.

En “Basic Economics”, Sowell hace énfasis en que los políticos no suelen tener en cuenta las consecuencias de las decisiones económicas que toman más allá de los teóricos beneficios directos que una política pretende buscar. “Reducir impuestos aumentará el poder adquisitivo del ciudadano medio”. “Aumentar el subsidio de desempleo protegerá la subsistencia de aquellas personas en desempleo”. Ambas aseveraciones son tautológicas. Ambas otorgan beneficios sociales evidentes. ¿Por qué no implementar ambas? Por las externalidades.

Las externalidades hacen referencia precisamente a dos adjetivos (y sus sustantivos) que encontramos en la definición propuesta anteriormente: “finitos (recursos)” y “alternativos (usos)”. Esto quiere decir que el recurso que dedique a la actividad A, no estará a priori disponible para la actividad B, ya que son extraídos de la misma reserva de recursos.

Los políticos habitualmente (al menos en público) solamente hacen referencia a la cadena lógica que se sigue del beneficio de la asignación de un recurso determinado a un uso particular. Son extremadamente competentes en omitir la cadena lógica que resulta del análisis de qué se resiente o qué agente externo paga los costes dicha decisión. Si quiere un ejemplo de nuestra historia reciente, recuerde lo que pasó con las mascarillas al comienzo de la pandemia y lo complejo que fue regular su uso y acceso. Piense también en los recursos humanos que fueron destinados a combatir sanitariamente a la pandemia Covid-19 y el efecto que esto tuvo sobre la prevención, diagnóstico y tratamiento del resto de enfermedades.

Si está intentando usted poner un tinte político de cualquier signo a estas aseveraciones anteriores y le resulta difícil, entonces es que lo he escrito bien. Si no, pues lo siento, lo intentaré mejorar más adelante…

El caso es que, si se hacen las cosas bien, la economía sería el Universo de decisiones posibles y la política vendría a ser el arte y estilo con que se toman esas decisiones. El problema es que, en las últimas décadas, la política se ha convertido en el arte de vender lo imposible. Y esto es así porque no se hace una reflexión pública de las externalidades, y si se hace, solamente será con las decisiones del rival político.

Grado en que este libro me cambió la vida

8, aunque yo ya había leído otras cosas, lo primero que leí en Economía fue Das Kapital, hace ya más de 20 años. Me sigue pareciendo un libro extremadamente interesante. Después leí el Manifiesto Comunista y no leí nada de una cuerda diferente económica hasta que leí a Hayek y a Popper hace 2 y 4 años, respectivamente.

El libro lo escuché como audiolibro de Audible y la narración de Tom Weiner es impecable.

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2 comentarios

  1. Si me permites haré algunos comentarios acerca de esta entrada, que considero entra dentro de mi campo de conocimiento e interés. No conozco al autor, aunque su postura es bastante familiar.

    La definición es muy conocida, una variación de la básica que suele dar la economía neoclásica y es muy limitada en su alcance, ya que deja de lado conceptos importantes. Tiene sus usos, sobre todo teóricos, para modelos de microeconomía. Pero es bastante pobre para entender algo tan amplio como la economía. Cierra demasiado el foco en torno a las decisiones particulares e individuales. Por poner un ejemplo de los problemas que esto conlleva: si le preguntas a un traumatólogo por medidas eficientes para salvar vidas de pacientes que lleguen de urgencia, seguramente pueda hacer un estudio pormenorizado de aquellas técnicas, protocolos o instrumental que generen mejores resultados. La cuestión es que tal vez sea más eficiente una norma de tráfico sobre el uso del cinturón, pero si cerramos el foco a lo inmediato del planteamiento nunca podremos verlo.
    Ya sin ser tan rebuscados, el ejemplo más obvio y que conocerás bien es el de la medicina preventiva con respecto a casi todo el resto de la ciencia médica, creo.

    Sobre la aplicación a la práctica humana común o incluso al mundo vegetal, tengo bastantes reparos. Explicarlos creo que puede ayudar a introducir mi siguiente argumento.
    El primero es que se trata de un modelo teórico cuyos postulados (información suficiente sobre las opciones, por ejemplo) nunca o casi nunca se cumplen e ignora los aspectos culturales y ambientales que pueden inclinar la balanza en una toma de decisiones. Cuando vas a comprar a un supermercado determinado no tienes un informe completo de los precios y calidades de establecimientos alternativos. Simplemente, compras lo que necesitas en ese momento. Cuando tomas decisiones vitales, los sentimientos, el apego a tus seres queridos, o tus propias preferencias personales tienen mucho más peso que el análisis de la eficiencia de tomar una decisión.
    Además, algunas de estas condiciones ambientales, en el caso de las sociedades humanas, giran en torno a la forma de organizar la producción, circulación y distribución de bienes y servicios. Es decir, del modo de producción, que no es algo eterno e inamovible. ¿Eran las grandes catedrales o las pirámides formas eficientes de utilizar los escasos recursos de que disponían las sociedades que las vieron surgir? Es muy probable que no pasaran el test neoclásico de eficiencia. Y, sin embargo, esas sociedades florecieron incluso “derrochando” sus recursos en ellas. También está la cuestión ética y el posible conflicto, al que llegaré más adelante: ¿Hay algo más eficiente que la esclavitud? ¿Para quién?

    Este concepto de modo de producción influye incluso en el “mundo vegetal”, ya que lo mencionas. Las variedades salvajes del trigo, la yuca o la almendra intentan proteger su semilla, siendo tóxicas, poco alimenticias, de mal sabor… Pero en cuanto el ser humano las domestica y las introduce en su modo de producción, su evolución natural cambia por completo y se desvía por completo del rumbo que seguía hasta ese momento y desde hacía cientos de miles de años, en apenas unos siglos. Todo porque los humanos han decidido organizarse en torno a su producción.

    Y llegamos a otro problema que tengo con la aparente neutralidad del término o de la ciencia económica. Se trata de una definición que obvia, o al menos evita enunciar la posibilidad de conflicto de intereses dentro de una sociedad y, por lo tanto, de opciones que perjudican a unos y benefician a otros, siendo “parcialmente eficientes” o eficientes para los intereses de un grupo determinado pero no para otro(s). Sé que esto se intentó solucionar mediante el llamado “Óptimo de Pareto”, pero este deja otros problemas abiertos, como el de la equidad.
    Sobre su relación con la política tampoco puedo estar de acuerdo, sugieres que la economía sea la ciencia que rige el universo de posibilidades y la política la ingeniera encargada de llevarlas a la realidad. El problema es otra vez el foco, según la teoría económica, que sigamos tendremos un universo de posibilidades distinto. La política está imbricada de forma inseparable en la economía. Asumir que la economía se limita al cálculo de la eficiencia es, en sí mismo, una postura conservadora, porque asume que no existe posibilidad de cambio en el modo de producción, o que hemos llegado al “Fin de la Historia” en este sentido y no hay ni habrá modelos mejores y ya solo le queda ocuparse de esa tarea. Si ese fuera el caso, bastaría poner un ordenador capaz de calcular el máximo de eficiencia para gobernar. Ese es el “arte de lo posible”, gestionar eficientemente lo existente, y el problema es que nos encontremos en un modo de producción que perjudique sistemáticamente a un grupo social, como ha pasado históricamente.
    Yo prefiero la definición de política como el arte de hacer posible lo imposible. Ver en que puede mejorar el conjunto de la sociedad, o, en términos neoclásicos, si hay pocos recursos asignados a ciertos ámbitos que me parecen claves, no limitarme a repartir esas migajas de la mejor manera posible, sino pensar en la forma que se podría reorganizar nuestra sociedad para que hubiese más recursos y que lo que hoy parece imposible no lo sea mañana. Y sí, probablemente esto generase “externalidades negativas” a un grupo social que tiene una posición de privilegio actualmente.
    Es muy complicado separar la economía de la política y no creo que deba hacerse, ya que ocultar los efectos políticos de una decisión económica bajo el manto de la neutralidad científica es algo que evita el debate de fondo y pretende dotar al sistema existente (sea el que sea) de una legitimidad con base en supuestas leyes naturales que no existen o no son tales.
    Y aquí podemos retomar a tu primer contacto con la economía. En el Capital, Marx analiza el proceso de producción, circulación y distribución de mercancías y dinero en una formación social concreta. Analizando la forma que toma la economía en un determinado contexto histórico, con la intención de señalar sus problemas y solucionarlos. Y esto es importante, antes de sacar la calculadora de la eficiencia hay que ver el cuadro completo, ampliar el foco. Ser consciente de los intereses en conflicto y, cuando estos son antagónicos, a veces es inevitable tomar partido y actuar políticamente.

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