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Apocalipsis. Ensayo general

<…>. Pues burlones hay que afirman que [la dogmática] ha caído, que toda dogmática yace por el suelo, incluso que toda dogmática se encuentra en las últimas.

Friedrich Nietsche, Más allá del bien y del mal.

En el capítulo anterior…

En la entrada anterior, «Entrada urgente», realizamos un pequeño experimento que nos puede dar una idea de cómo puede cambiar una especie a través de un número dado de generaciones. Desconozco si realizó usted el experimento. En caso contrario, le recomiendo que lo haga. En cualquier caso, con la simple observación de los resultados obtenidos en mi familia se puede uno hacer a la idea de lo que implica la integración de la selección natural con el cambio aleatorio que se produce generación a generación en los rasgos que conforman, definen, a los miembros de una especie. Tómese un momento para comparar las dos evoluciones más extremas, que corresponden con el camino tomado por mi hijo Nicolás y el mío propio. Nicolás eligió una sucesión de tres generaciones antes de iniciar el proceso y aquí se recuerda el resultado para su mejor visualización.

Es evidente que se suceden cambios. Podríamos hablar de una «achaparrización» de la línea germinal. Asimismo, asistimos a una ligera simplificación del patrón de las «patas» del biomorfo. Sea como fuere, es evidente que ambos individuos pueden ser representantes de la misma especie. En este caso, expliqué a mis hijos que este podría ser el ejemplo de comparar en qué se parece un abuelo con cualquiera de sus nietos. Pasemos ahora a mi propio experimento:

En mi caso, bien podríamos decir que el «bicho» de la izquierda se metió en una crisálida, y sufrió una metamorfosis, de donde salió el de la derecha. Pero sabemos que no ha sido así. El segundo individuo es el resultado de 100 generaciones que se han sucedido a partir de la primera. Las divergencias son tan abundantes que podríamos estar escribiendo sobre ellas durante un par de párrafos, pero basta una simple observación: el individuo de la izquierda posiblemente se desplaza andando o a saltos, mientras que el de la derecha vuela casi con toda seguridad. Realmente, podemos sintetizar lo anterior con la siguiente idea: en algún momento de esta línea evolutiva, ya no se podía hablar de la misma especie.

Lanzo aquí una pequeña ráfaga de preguntas. ¿Cuál es la diferencia en aptitud respecto al entorno entre ambas generaciones? ¿Cuál ha sido la presión selectiva que ha hecho que la especie tuviera una divergencia tan marcada? ¿Cuánto tiempo transcurre entre generaciones? ¿Podemos realizar alguna predicción futura sobre el camino evolutivo que seguirá esta línea en concreto?

Otra reflexión que tenemos que realizar tiene que ver con la no linearidad del cambio a través de las generaciones sucesivas. Para ilustrar el ejemplo, comparamos mi resultado con respecto al obtenido por Paloma.

El número de generaciones en las que se adentró Paloma es un orden de magnitud inferior al número de generaciones que acometí yo. La magnitud de cambio experimentada por los individuos parece significativamente mayor.

Antes de proseguir el razonamiento que espero que nos conduzca a todos a una reflexión profunda sobre nuestra responsabilidad individual, quisiera hacer una serie de puntualizaciones sobre el experimento de los biomorfos:

  • El experimento solamente considera una estirpe, es decir una única línea iniciada desde un progenitor. No considera el potencial de cambio en una especie a partir de varias generaciones iniciales.
  • No contempla mutaciones deletéreas ni otros aspectos que pudieran hacer que una línea se extinguiera. Todos los descendientes son «viables» para dar una generación siguiente. Por tanto no se contemplan los eventos en que una línea germinal se extinguiera porque sus descendientes no fueran aptos o no llegaran a la edad reproductiva.
  • Tenemos un número limitado, fijo y relativamente bajo de descendientes por generación: 8 individuos.
  • Se contempla el cambio considerando únicamente un número limitado de características (genes), cada uno con un número relativamente pequeño de fenotipos expresables.
  • Solamente es considerado el lado de lo que es la propia generación de la especie. No sabemos nada de qué condiciones plantea el entorno en cuanto a retos u oportunidades.
  • Un caso particular del punto anterior es que en este experimento es difícil generar una carrera armamentística evolutiva, salvo esfuerzo consciente por parte del usuario del programa. Este fenómeno se da cuando un rasgo particular ofrece una ventaja significativa al individuo respecto al entorno y a sus competidores, como puede ser la cola de los pavos reales o el cuello de las jirafas.

En la entrada de hoy quiero plantear dos argumentos y desarrollar uno de ellos:

Argumento uno: esta pandemia es un ensayo general de uno de los múltiples escenarios potenciales que conllevarán a la extinción de Homo sapiens.

Este será el argumento que desarrollaré. El siguiente será el motivo de la próxima entrada.

Argumento dos: los gobiernos y las autoridades sanitarias no están planteando la estrategia adecuada.

Traslado del experimento a escala natural

Las ideas anteriores son trasladables a ejemplos del mundo real. De todos los aspectos, me gustaría centrarme en aquellos que tienen la dimensión temporal como una de las consideraciones principales. El otro aspecto sobre el que quisiera iniciar la reflexión es el del ecosistema en el que tendrá lugar el desarrollo de la especie que queramos considerar más adelante. Algunas ideas básicas:

  • Transición del perro ancestral común hasta la pléyade de razas actuales: ca. 30.000 años. Imaginen la transición desde el lobo o del ancestro común.
  • Carrera armamentística en una población de individuos sometidos a una presión ambiental intensa. Ejemplo: cultivos bacterianos sucesivos en placas de Petri bombardeados con tandas progresivas de antibióticos.
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Imagen de Anna Shvets en Pexels.com

Debo añadir aquí como comentario adicional al segundo punto que, cuantas más colonias bacterianas existieran de partida para iniciar lo pases de cultivos sucesivos, más probable será la existencia de múltiples colonias resistentes a diversos antibióticos, y antes llegaremos a la «superbacteria». En palabras de Nassim N. Taleb, jugar una partida a la ruleta rusa es estúpido y arriesgado, pero aún se puede ganar algo. Jugar 100 partidas asegura la muerte.

Otra reflexión sobre el punto segundo: si se me ocurre bombardear la primera placa de Petri no con tandas sucesivas de antibióticos, sino simultáneas, que combinen distintas dianas terapéuticas, mi experimento acabará pronto, ya que probablemente aniquile todas las bacterias antes de que puedan realizar transmisión horizontal o cruzada de las resistencias antibióticas individuales preexistentes.

Dejo estas ideas ahí para que asienten, es un tema sobre el que conviene reflexionar tranquilamente. Vamos entrando poco a poco en materia…

Tiempo ciclo celular «virus»

Si quisiéramos abordar el tema desde la perspectiva de la pandemia que nos está afectando ahora mismo podríamos partir de dos premisas y una consecuente directa:

Premisa 1: durante la fase replicativa de la Covid-19, transcurren múltiples generaciones de virus dentro de su ecosistema, el huésped humano.

Esta premisa se explica por sí sola, pero tiene algunos puntos interesantes. Si usted hace una búsqueda para saber cuánto tarda SARS-CoV-2 en reproducirse, puede que no encuentre nada de forma inmediata, pero esto es porque la respuesta no es dependiente del patógeno, sino del huésped. Para conocer la velocidad a la que un virus de puede reproducir, tenemos que preguntarnos a qué velocidades transcurren las distintas fases del ciclo celular (G1-S-M-G2…) de las células que el virus parasita. Teniendo en cuenta que el virus solamente necesita realizar la fase S, esencialmente (aunque hay trabajos que sugieren que pueden aprovechar los recursos de otras fases), podemos estimar que cada célula huésped puede quedar convertida en un «saco de virus» en el plazo de 6 horas aproximadamente. Por cada célula infectada, saldrán cientos, si no miles de viriones.

Ahora vuelva usted a plantear las implicaciones del experimento de los biomorfos. Piense en una semana de replicaciones virales sin cesar por persona. Intente computar en su cabeza las sustituciones apropiadas (múltiples generaciones parentales simultáneas por individuo infectado, millones de individuos infectados actualmente, poblaciones filiales que crecen no lineal, sino geométricamente). Bienvenid@ a la interacción entre sistemas complejos y leyes potenciales. Respire hondo.

Premisa 2: el movimiento no restringido del huésped a velocidades mayores que el desarrollo de la enfermedad limita en extremo el control de la diseminación.

Esto es algo abordado previamente, y de hecho es uno de los temas recurrentes en mi entorno de trabajo y en conversaciones con mis pacientes. Además, está expresado en términos casi eufemísticos. Existen diversos modelos matemáticos que han estudiado con éxito el comportamiento de distintas poblaciones competitivas de especies, partiendo de algunas premisas, como poblaciones base, tasa de reproducción, capacidad de movimiento y número de «pasos» que puede dar un depredador sin encontrar una presa antes de extinguirse. Existen incluso ejemplos que transforman las ecuaciones en aplicaciones web, como este de Wolfram basado en zorros y conejos.

Cuando comenzó la pandemia, vi un artículo en una revista que no recuerdo y cuya referencia no guardé en Mendeley :(. En él, se defendía la hipótesis de que en un entorno donde tanto presa como depredador tuvieran infinita libertad de movimiento, se podía dar la extinción de ambas especies, en lugar de la extinción de una de ellas. Durante un tiempo, seguí el rastro de estas publicaciones y aprendí que el modelo de cadena alimentaria «vegetal <– presa <– depredador», perfectamente computable en base modelos bien validados, no era exactamente el mismo que el modelo «huésped <– parásito». Empecé a indagar sobre el papel de la no restricción de ecosistema sobre esta relación, es decir, movilidad infinita por parte del huésped. Resulta que, en esta situación, concurren dos efectos contrarios. Uno, el efecto «Allee», resulta en un beneficio cooperativo para el huésped al aumentar su población y el número de interacciones positivas-colaborativas que se pueden dar. El otro, negativo, es el aumento «no lineal» del riesgo de salto de otros parásitos nativos del nuevo ecosistema al huésped, la interacción parásito migrante con parásitos nativos, así como del crecimiento ad infinitum del parásito original, lo cual puede llevar a la extinción del huésped.

Mucha gente ya me ha oído hacer la reflexión de que deberíamos tomarnos la pandemia Covid-19 como una advertencia acerca de nuestra forma de vida. Una actividad tan maravillosa como viajar en avión supone una disrupción total de lo que nuestra forma base de locomoción y esto tiene consecuencias.

Piense lo siguiente: en el caso de la Covid-19, con nuestros viajes modernos, una persona infectada puede pisar tranquilamente tres continentes entre escalas de vuelos internacionales durante el período asintomático y, por el camino, mascarillas o no, podrá tener cientos de oportunidades interactuar durante 15 min o más con otras personas. Para el momento en que esta persona desarrolle síntomas, en el caso de que lo haga, habrá podido infectar a decenas de personas, algo que creo que está sobradamente demostrado.

Consecuente directa: el cambio al estilo «biomorfo JAMG» en SARS-CoV-2 está casi asegurado.

Por eso digo que estamos ante un ensayo general de la naturaleza previo al gran espectáculo que podrá ser la extinción de Homo sapiens. Es verdad que hay multitud de caminos que pueden llevarnos en esa dirección y no es menos cierto que tenemos que cambiar radicalmente algunas de nuestras formas más elementales de comportarnos si no queremos dar la razón a una corriente científica que afirma que toda vida inteligente prospera hasta que su tecnología la lleva a la autoaniquilación. Nosotros ya estamos en esa autovía.

A la gente joven, esto puede parecerle exagerado. Una de las pruebas, un tanto superficial, eso sí, podemos encontrarla en el cine de acción. La temática del cine de acción en mi infancia era el delicado equilibrio diplomático que había entre el bloque «occidental» y el bloque soviético. Ahora los malos suelen ser alienígenas…

Hubo varios momentos previos a mi nacimiento y en mi primera infancia, en los que la doctrina de la «destrucción mutua asegurada» estuvo a punto de ejecutarse. La posibilidad de un holocausto nuclear no era una mera fantasía.

Hoy en día, el camino a la extinción ha tomado varios ramales posibles y uno de ellos es, claramente, la explosión de una pandemia letal que acabe con la raza humana. Dicha pandemia, por el momento, sólo puede generarse en la naturaleza, pero es cuestión de tiempo que se pueda generar en un garaje. Por cierto, sí que es posible hacer con un virus silvestre lo mismo que hemos enunciado con las bacterias y una placa de Petri. De hecho, se logró con la variante H5N1 del virus Influenza aviar en la década pasada en Holanda (aquí el link al paper). Este artículo pasó de puntillas por la divulgación científica, pero tuvo una enorme resonancia política, haciendo que muchos gobiernos se planteasen la prudencia de continuar financiando líneas de investigación que tuviesen como objetivo generar gérmenes más peligrosos. A este concepto se le conoce científicamente como gain of function research, pero ese es tema de otra entrada.

Volviendo al asunto que nos ocupa, vamos integrando los ingredientes de esta ensalada:

Del lado de la enfermedad (el «parásito»)

Tenemos una enfermedad altamente contagiosa con una mortalidad y morbilidad (de lo que no hemos hablado aquí) moderadas. Existe un período preclínico relativamente largo. Hay un porcentaje elevado de infectados asintomáticos.

Del lado del huésped individual

Existe escasa consciencia individual del riesgo y del contexto. El huésped tiene, esencialmente, libertad de movimiento ilimitado a gran velocidad. Cada individuo tiene la capacidad de interactuar con multitud de otros individuos, exponiéndose y exponiendo a otros a riesgo de contagio.

Del lado del huésped a escala colectiva

No existe consenso sobre qué es efectivo y qué no lo es a escala de poblacional. Se utiliza la normal incertidumbre científica como arma política en todas las direcciones, en todos los ámbitos. Existe un precio político para el error honesto, pero no para la racionalización y la mentira. Se apuestan todas las cartas a una única medida: la vacunación.

¿Consecuencia?

SARS-CoV-2 tiene cada día millones de oportunidades para mutar e ir tomando rutas impredecibles. Asistiremos a la aparición de más variantes de escape, dado que solamente estamos introduciendo un único elemento de presión selectiva en el entorno (en lugar de múltiples simultáneamente), lo estamos haciendo en el peor momento (alta incidencia) y encima nos intentamos hacer creer a nosotros mismos que la inmunidad de rebaño es un objetivo alcanzable exclusivamente por este camino. No lo es. Y el anuncio de la Ministra de Sanidad de hace unos días acerca de una tercera dosis de vacuna no hace sino refrendar la idea de que las autoridades están comprometiendo su planteamiento en una única herramienta. Estamos acompañando de la mano a SARS-CoV-2 en su camino a convertirse en otra cosa.

Semántica de las soluciones

Desde el comienzo de la pandemia ha habido una considerable falta de palabras contundentes. Empezando por la propia OMS, que demoró la declaración de pandemia por la existencia de un debate interno acerca de si se usaba ese término o se definía otro «para no asustar a la población» (aquí tienen un link de uno de los comunicados de prensa de esos días, marzo de 2020; la dialéctica empleada es bastante elocuente). Los políticos ha hablado en todo momento de «controlar», «aplanar la curva», verbos que podríamos calificar de «cronificantes». No estoy diciendo que toda comunicación haya sido en esa línea, pero sí afirmo que la tónica dominante ha sido esa. «Cada sistema está perfectamente diseñado para arrojar los resultados que arroja», nos dice W. Edwards Demming. Un plan que contempla «aplanar la curva», como mucho, aplanará la curva.

Hace días, Emmanuel Macron imponía la vacunación a los sanitarios, una medida tan comprensible como criticable. Se exigirá además, pasaporte sanitario (vacunación o haber pasado la Covid-19) en cada vez más ámbitos de la vida pública. Cometemos, una y otra vez, el mismo error. Legislamos pensando que SARS-CoV-2 fue a la Academia y entiende de disposiciones legales. No sé cuántas letras del alfabeto griego harán falta para que alguien con poder de decisión haga una reflexión profunda. Nuestro sistema no esta planteando el objetivo correcto, y por tanto los medios utilizados resultarán estériles. El objetivo, los métodos y la semántica, deben ser otros.

Como soy de naturaleza optimista, y siempre intento casar problemas con soluciones, en la próxima entrada intentaré plantear cómo habría que abordar esta, y próximas pandemias.

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Una respuesta a «Apocalipsis. Ensayo general»

  1. […] proceso tuvo un largo recorrido, en el que no pudo faltar la maldita pandemia, el inicio de otros proyectos de escritura, que incluye la continuación de este título y el resto […]

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